martes, 21 de abril de 2009

Cántico para alcanzar la cima de la montaña

¡Escuchad, hijos míos!
Vosotros deberíais atrapar la luz
de vuestra mente,
atarla con un nudo extraordinario
y aferrarla a un garfio sólido
si queréis alcanzar la cima
de la montaña.
De cierto lo conseguiréis
si lo practicáis de esta manera
y podréis disfrutar el horizonte.

Venid vosotros, hombres y mujeres
que con algún don han sido agraciados,
probad el néctar de la experiencia;
venid, entrad a gozaros en este cuadro,
miradlo y disfrutadlo plenamente.
Que los torpes permanezcan afuera;
aquellos que no pueden beber el elixir
que se ahoguen en cervezas pobres.
El que no tiene la fuerza de alcanzar la bodichita,
debiera tenerla para lograr un buen renacimiento.




Respuesta a un lógico

Me postro ante los pies de mi maestro Marpa
y canto esta canción en respuesta a ti.
Presta atención a lo que digo, escucha,
no te acuerdes de tus juicios por un momento.

La mejor visión es la que no se ve,
resplandor de la mente en sí misma.
El mejor premio es el inalcanzable,
tesoro invaluable de la mente en sí misma.

La más suculenta comida es el no comer:
¡oh, trascendencia de alimento samadhi!
La bebida que en verdad sacia la sed
es el no beber:
¡oh, néctar de compasión sincera!

¡Oh, no hay palabra alguna que describa
esta claridad de conciencia!
La mente no es el mundo de los niños
ni lo es tampoco el de los lógicos.

Alcanzar la verdad de lo inalcanzable
es concebir la más grandiosa iniciación,
y descubrir el vacío de lo alto y lo profundo
es llegar al estado perfecto.

Y aceptar la realidad de lo inamovible
es andar sobre la senda suprema,
y conocer el destino del nacimiento y de la muerte
es cumplir el más grande propósito.

Al mirar lo vana que es la razón
el raciocinio más alto es perfeccionado;
cuando sabes que lo grande es infundado
igual que lo pequeño,
entonces ya has entrado
por el portal supremo.

Más allá del bien y del mal
se abre el camino al don perfecto.
En la fusión de la dualidad solamente
puede abrazarse la visión más grande.

Observa la verdad de la no observación
que te abre el camino a la meditación.
Comprender más allá del deber y el no deber
te abre paso a la perfecta acción.

Cuando reconoces que en verdad
no hay esfuerzo que sea inútil,
estás cerca entonces
de la alegría más alta.

Ignorantes son los que carecen
de esta verdad,
maestros arrogantes, henchidos de enseñanza,
aprendices hechizados por palabras simples,
y yoguis seducidos por prejuicios.
Por más que anhelan libertad,
sólo esclavitud encuentran.


MILAREPA (1052 - 1135)
SANTO POETA DEL TIBET

TRADUCCIÓN DEL INGLÉS AL ESPAÑOL: ELÍAS ABDEEL.

sábado, 18 de abril de 2009

Mario Vargas Llosa: El viaje a la ficción



INSTANTES DE JORGE LUIS BORGES

viernes, 10 de abril de 2009

La vida del Buda





ACTO DE FE

Chu Fu Tze, negador de milagros, había muerto; lo velaba su yerno. Al amanecer, el ataúd se elevó y quedó suspendido en el aire, a dos cuartas del suelo. El piadoso yerno se horrorizó.
-Oh, venerado suegro -suplicó-, no destruyas mi fe de que son imposibles los milagros. El ataúd, descendió lentamente, y el yerno recuperó la fe.

HERBERT ALLEN GILES

viernes, 6 de marzo de 2009



Buscar un tema es un error,un error propio de quien no tiene destino de escritor. Un escritor no debe recibir temas, tiene que dejar que los temas lo busquen y lo encuentren. Publicar no tiene ninguna importancia, no es parte esencial del destino de un escritor. Coincido con Alfonso Reyes: publicamos para no pasarnos la vida corrigiendo los borradores. Yo no sé si mis libros son un éxito o un fracaso. No leo nada escrito sobre mi. En mi casa no hay libros míos ni libros escritos sobre mi.

JORGE LUIS BORGES

jueves, 18 de septiembre de 2008

KALYANAMITRAS




Después de destruir a los budistas de la India, cuentan que Sankara marchó a Nepal, donde tuvo algunas diferencias con el Gran Lama. Para probarle sus poderes sobrenaturales voló por el aire, más cuando pasó sobre el Gran Lama, éste percibió su sombra deformándose y ondulándose por las desigualdades del suelo y clavó su cuchillo en ella; Sankara cayó y se quebró el cuello.

CUENTO BUDISTA

Humberto Acevedo



Humberto Acevedo Cortez nace en San Salvador, El Salvador el 28 de marzo de 1957. Es poeta del asombro y huésped del olvido. Por representarle una experiencia misteriosa y profunda las mujeres y la muerte representan imágenes necesarias en su obra, algunos amigos lo señalan como un diletante y a otros les importa un comino su vida; y de aquellos que valió la pena acompañarse una breve temporada lo consideran un buen budista. Es heredero de las revueltas de los años 60’ y 70’, fue hippie tardío, estudio en el centro nacional de artes de San Salvador, lugar donde sintió el electrizante sudor de las pasiones y donde fue posible tener un jardín para orinar la fragilidad de las certezas y asediar la noche con practicas esotéricas. Desde muy temprana edad, y gracias a la afición de sus padres por la lectura, estuvo en contactos con los poemas, los poetas y la poesía. "Recuerdo que uno de los primeros poemas de mi infancia fue platero y yo de Juan Ramón Jiménez, mi madre y mi abuela materna escenificaba versos con títeres que ellas mismas construían y los presentaban en el solar de la casa después del almuerzo". Muy pronto sintió la necesidad de expresar con poemas la vivacidad de las imágenes que lo deslumbraban, era un mundo novedoso y rebelde que no podía contener para si solo. En su adolescencia y juventud fue músico, gustaba tocar la flauta y la guitarra, y formó un grupo con Víctor Quintanilla, amigo de la juventud que también fue un milagroso acompañante de los sueños y la imaginería. Su vocación por escribir poemas fue por mucho tiempo una actividad tan íntima que muchos de sus amigos y conocidos se sorprendían con la noticia, los poemas se convirtieron en la única forma de comunicar y de explicar la elevada aparición de la amistad, la presencia húmeda del amor, lo invisible a pesar de la respiración, y un atajo de palabras que después se convertían en la música del silencio.

Ha publicado en varios poemarios colectivos entre los que se encuentran: Los que escriben en México, SEP-Cultura 1987. Continuemos pues, editorial Zompopo de mayo, México 1982. y Rumor de todas partes, La Orquídea Errante, editores alternativos, México 2008.

Ha escrito varios libros de poemas entre los que destacan ¿Acaso el aliento? Editorial Fragua, México 1989. La luz en paz Letralia Editores , México 1999.

Ha colaborado en varias revistas entre las que se encuentran: Espejo Rojo (1989), Séptimo Sueño (1983), Descritura (2003), El Avión (2005).

Sus maestros fueron: Rolando Elías, Luis Tiscareño y sus padres: Don Felipe Santiago Acevedo y Doña Francisca Cortez de Acevedo.

Le gusta el ajedrez, el jazz, el sutra de Vimalkirti Nirdessa y el Dhammapada, visitar museos y galerías, caminar en los parques, le gustan las redes del viento, la noche fría, el día en la ventana, la música de la nostalgia, la mano en el pez, un azul que no haga ruido, las hormigas del amanecer, la marea inmensa de lo único. No le gusta despedirse, no le gusta el camino que se pierde, el árido desprecio, el desierto de una lágrima, la locura de la vanidad.
Actualmente trabaja como editor en La Orquídea Errante, editores alternativos, es conferencista, escribe poemas, y está en proceso de ordenación en la Orden Budista Occidental -AOBO- .

YO QUIERO A MI PATRIA


EL POETA Y LA MUSA

Yo quiero a mí patria
por las milésimas de segundos
que juegan en los laberintos
emocionados de la risa:
La canción inalcanzable,
los recuerdos bañados en oro,
las calles de San Salvador
incapaces de guardar una nube,
y también por las dichas ufanas
de infelices dictadores.
La quiero como cuando uno se da una vuelta
por la casa de la novia,
y se regresa inventando la noche.
Yo quiero a mi patria
cuando descansa a la orilla de mi silencio,
alucinada por el mundo vivo
de los seres que soñamos
ser un corazón feliz.
Pero también la quiero
por los desmayados sueños de los muertos
que murieron a manos de asesinos,
por la risa muerta de los vivos,
y por la tristeza de saber que los traidores
caminan libremente la vieja celda de la herida.
Yo no quiero a mi patria
como la quieren los burócratas,
tiesa y altamente olvidada
en el escandaloso hierro forjado
de héroes insolentes y enfermos.
Yo no quiero una patria desecha en su mirada,
pudriéndose en sus miles de lágrimas,
yo no quiero una patria con hijos prohibidos,
sin voz para cantar
y con el himno embriagado por la soberbia.
Yo quiero una patria,
a mi patria,
como cuando descubrí
que mi niñez
me serviría de camisa
para toda la vida.

SABIDURIA PRAJÑA

Así como es, lo vivo:
un ángulo del aire tiembla
en el dorado movimiento universal
y todo crece sin llegar,
y todo muere sin irse,
sueño despierto de la visión perfecta.
Nunca fui huésped
de este vidrio que me refleja,
pero en el fondo de su imagen
supe que el mundo está vivo
como la luz dentro de la luz.
Fui ese hombre
que admiraba piedras preciosas sin olor,
y despreciaba la sonrisa de un breve instante
por la mancha opulenta de la eternidad.
Ahora escucho en el canto unísono de la sabiduría
el sendero que destiñe la tinta indiferente del engaño,
y he aprendido a distinguir
el libre aliento de una llama,
de la prisionera herida
forjada en el heroísmo de la mentira.
Ya no puede ser el sucio reloj
marcando el abismo del tiempo,
ya no puedes probarme que tú
eres tú mismo,
ya no podemos esperar a que la muerte
empiece a desangrarnos.
El tiempo para unos ya ceso,
y para otros todo esta por llegar.
Ahora que puedes
sigue el aleteo de lo inexplicable,
de la palabra encendida,
y brilla como el cielo iluminado de la verdad.

CUANDO TENGO MIEDO

Siempre tengo la sensación
de que nada en mi es mío,
hasta mis recuerdos
los encuentro en una calle del centro,
y eso no me da miedo,
porque a los lejos los veo
contentos de la mano de un día que se va
sin que nadie los quiera hacer suyos.
Lo que me da miedo es cuando lloro
porque lo que más quiero ya no está,
y de repente voy mirando la vida
como una metáfora de horizonte doméstico,
una esfinge perezosa,
un capricho circular,
y a través de la ventana del autobús
la tristeza me desconoce,
me empuja a la mortalidad de este jardín espectral,
y lloro porque las palabras inocentes
se cansan,
pesan en los labios,
y en mi silencio,
el silencio se muerde hambriento
cuando me encuentra deshecho.
Casi nada me da miedo
cuando tengo miedo,
pero imaginar lo furiosamente cercano
que estoy de mi
me da mucho miedo.

ABSTENERSE DE CAUSAR DAÑO


A las niñas y los niños salvadoreños
que se cortan los labios
con palabras muertas.



Vuela un presagio triste:
sin naranjas,
sin pájaros,
sin mundo para la breve risa,
sólo el milagro de la muerte hambrienta
que mata de hambre,
sólo la dura paciencia de las horas
que despeña la mirada de un niño a tientas:
hoy es por un instante
que duele a penas,
a duras penas
a tristes penas.
Vuela ahora mismo
sobre el filo del hambre,
vuela presagio de labios cortados,
vuela diciendo que no escuchas,
que piensas en otra cosa
no sea el hambre que se cuece en tu estómago.
¿Recuerdas el filo del insomnio?
ahí muerde la dentadura enferma
la amarga raspadura,
y el cuchillo de la soberbia corta la inocencia
cuando el estómago juega a las migajas.
Has vivido la vida,
pequeño niño,
en el ancho océano de la sequedad,
como una presencia que no es el amor
de las paginas sociales,
sino la entera tristeza de la manta pobre
que parece frío.
vuela ahora mismo sobre el filo del hambre,
vuela presagio de labios cortados,
vuela diciendo que no escuchas,
que piensas en otra cosa
que no sea el hambre:
vuela sobre los duraznos de Darjeeling,
las ananás de Sri lanka,
las piñas de Tahití,
el café de Nicaragua,
los marañones de El Salvador,
la flor de pitaya de México,
vuela sobre la dulce sombra
que vive en la brisa de tu sonrisa.
Ahora que estás ahí
en el hueso abandonado de la infancia,
en el infiel grito de la edad temprana,
los seres bondadosos de este mundo
y de los miles y millones de mundos
en todas sus direcciones
tañen un corazón,
dos corazones,
tres corazones,
un racimo de corazones:
es la iluminada tradición
de los seres sagrados,
es el viento que huele a pan,
es tu risa y la mía,
es la bendición del amor compasivo
es la bondadosa caricia que no juzga,
ni sufre,
que ni sucumbe,
ni resiste,
es el vuelo,
Vuela,
vuela,
vuela otra vez
con la sencilla mañana de tu ventana,
que entre todos vamos a cambiar
el carbón apagado de tu esperanza,
por un río de leche tibia de la tierra pura.